Dicen que la Navidad es tiempo de luces, de alegría, de celebración, de
ruido y de nostalgia; dicen que es una época de reencuentro, de paz, de
armonía, de
ensoñación. Algunos sonríen, otros
lloran, los más se alegran; sin embargo, hay una pequeña espinita,
siempre la hay, clavada en nuestra niñez robada.
Momentos de renacer, de compartir nuestra ilusión; se diría que son
instantes mágicos en los que el corazón, por un instante, se vuelve más
corazón. Como si, en medio de la desolación, nos encontráramos bebiendo
en el oasis de la vida. Todo vuelve a tener sentido, nuestras lágrimas
nos hacen mejores y las espinas de nuestras almas, por una vez, no nos
duelen.
Pero yo sólo encuentro a la auténtica Navidad en el silencio,en ese
momento mágico del volver a nacer a la vida, de confiar una vez más en
el ser humano… Lejos del ruido de las luces, el reposo interior nos hace
fuertes y dichosos. Es como reencontrarnos con nosotros mismos,como un
viaje a nuestro interior que, dejando olvidados los rítmicos sonidos que
nos martillean oídos y alma, nos devuelve a la paz del que estrena
cuerpo y espíritu. De pronto, lo más pequeño se hace grande y toda
nuestra fuerza resurge y nos envuelve en papel de regalo. Un regalo que
somos nosotros y para nosotros.
FELIZ NAVIDAD Y FELIZ NACIMIENTO