domingo, 10 de noviembre de 2013

Amabilidad

 El  saco  mascota
( por Pedro Pablo Sacristán )

VALOR: LA AMABILIDAD


Desde que era muy niño, Mateo dedicó todas sus energías a encontrar
el Saco Mascota, el más famoso objeto que había creado el mago
Cachuflo. Nadie sabía qué tenía dentro para hacerlo tan especial, pero
según decían, era capaz de hacer todo lo que su amo le ordenara.
Mateo, convertido en un poderoso caballero, fue implacable en su
búsqueda, superando todo aquello que se interponía en su camino, y
cuando sus esfuerzos tuvieron recompensa y encontró el saco
viviendo escondido en una cueva, se sintió el hombre más feliz del
mundo.
Pero resultó que el saco estaba lejos de ser una buena mascota:
gruñía cada vez que le pedían hacer algo, incluso aunque el caballero
le amenazaba con sus armas; si algo se le metía en la cabeza no había
forma de sacárselo, y no dejaba de morder, por más golpes que le
daba Carlo para que no lo hiciera. Decepcionado tras meses de
aguantar tan insufrible mascota, Mateo decidió venderla en el
mercadillo, pero era tan molesta e insolente, que apenas nadie se
acercaba a preguntar por su precio. Entonces se le acercó Diana, una
anciana mujer ciega, conocida de todos en aquella ciudad por su
amabilidad y optimismo.
- Yo me quedaré con tu mascota, aunque no tengo mucho para
pagarte.
Mateo se sintió aliviado al deshacerse del molesto saco, pero al
momento vio cómo el saco hacía todo tipo de juegos y cariñosas
piruetas con la anciana. Lleno de sorpresa, lo arrancó de sus manos,
pero nuevamente el saco se tornó agresivo e insufrible. Entonces, rojo
de ira, y tras arrojarlo al suelo, tomó su espada y lo rajó de arriba a
abajo.
Y al hacerlo, quedó petrificado. Por el roto comenzaron a salir cientos
de pequeños Mateos, todos furiosos y gritones, que lanzaron toda su
furia contra el caballero. Y posiblemente hubieran acabado con él, si
no fuera porque Diana se agachó a tomar el saco, y al hacerlo, todos
los Mateos se transformaron en amables Dianas, volvieron al saco,
cerraron la abertura, y comenzaron a jugar con su nueva dueña...
Así comprendió Mateo que nada había malo en aquel saco que no
estuviera previamente en él mismo, y con el mismo empeño con que
persiguió el saco, se propuso mejorarse a sí mismo. Y lo consiguió de
tal forma, que cuando la adorable Diana le dejó el saco poco antes de
morir, realizaron juntos tantas proezas y tan maravillosas que darían para escribir 

cien libros.

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